Vendí mi eMac G4 a escasos 3 meses de haberla comprado. Un verdadero desperdicio de computadora. Tiene un procesador muy poderoso, gráficos sorprendentes por su claridad y nitidez y los mejores programas de diseño existentes. Pero carece de algo muy importante, algo que ha formado parte de mi vida como usuario: videojuegos. Parece demasiado vano pero no lo es. Estar trabajando de cinco a ocho horas diarias frente a un monitor, más que cansar la vista hace la vida monótona.
Los videojuegos siempre han sido una parte esencial en mi vida. Desde el primer videojuego de la historia, el Pong, que tuve la fortuna de jugar siendo un niño de escasos seis años. A partir de ese momento, los videojuegos se convirtieron en parte de mi vida. Así que no lo voy a negar: boté la eMac porque no es divertida. Es una excelente computadora para trabajar, pero uno no puede obtener ese sano rato de ocio personal. Hay quienes son más sociables que yo y prefieren compartir en compañía de otros, yendo a las chispas, al cine, a los antros, etc. Yo soy más práctico: amo la computación y nada me va a separar de ella.
Mi nueva computadora es un pequeño monstruo:
- Fuente de poder de 500W
- Motherboard para AMD Athlon 64 MSI
- Procesador AMD Athlon 64 modelo 3000 (2GHz)
- Tarjeta de video MSI nVidia GeForce FX 5700 LE de 256MB
- 1GB de DDRAM PC3200
- Disco Duro de 160GB EIDE Seagate Barracuda 7200 rpm
- Quemador de DVD Doble Layer LG 16X
- Lector de DVD LG 16X
- Floppy drive
- Monitor LG de 17 pulgadas Flatron ez T710SH
De todo el chistecito fueron $15,600 pesos y eso porque un vendedor se vio muy vivo, cobrándome $400 pesos de más por la motherboard MSI. Ni modo. De cualquier forma resulté bailado, ya que tuve que invitar la cena (más de $320 pesos). Y lo malo: hay que pagar los créditos y ya no tengo varo.
