En enero de 2026, mientras Donald Trump vociferaba sobre la supuesta “irrelevancia” del T-MEC, amenazaba con imponer aranceles punitivos del 25% a todas las importaciones mexicanas y ejecutaba redadas de ICE con una arbitrariedad política alarmante, ocurrió un fenómeno extraordinario en los mercados: el peso mexicano se blindó hasta alcanzar su mejor nivel en tres décadas.
La apreciación de la moneda nacional frente al dólar durante 2025 osciló entre un 13.8% y un 14%, cerrando el año cerca de los 18.01 MXN por dólar, en un contraste brutal frente a los 20.84 MXN del inicio del periodo. Este desempeño no fue fortuito ni accidental. Fue el resultado de una ingeniería política meticulosa, cimentada en una diplomacia de contención, una robusta disciplina institucional y la gran paradoja de una administración estadounidense tan previsiblemente caótica, que obligó a los inversionistas a buscar refugio en la estabilidad del vecino del sur.
¿Qué significa esto para ti?
- Un peso fuerte ayuda a contener la inflación importada, pero también puede presionar a exportadores y maquilas que cobran en dólares mientras pagan muchos costos en pesos.
- La estabilidad relativa del tipo de cambio reduce la ansiedad sobre créditos, hipotecas y deudas en moneda extranjera, aunque no te blinda de alzas en tasas de interés internas.
- Si trabajas en sectores ligados a exportación, nearshoring o cadenas automotrices, el entorno actual abre oportunidades… pero depende de que Trump no escale los aranceles de forma abrupta.
Para dimensionar el escenario, es vital diseccionar lo que ocurría al otro lado del Río Bravo. El 2026 arrancó con Trump desplegando lo que los analistas bautizaron como una “presidencia desbocada”. Apenas dos semanas dentro de su segundo mandato, el republicano ya había orquestado la captura del presidente de Venezuela, amagado con la anexión de Groenlandia, desmantelado agencias federales enteras y presionado a las universidades de la Ivy League para alinearse ideológicamente, todo mientras recortaba fondos vitales para la investigación médica y presumía estos actos como “logros históricos”.
La historiadora de Yale, Joanne B. Freeman, sintetizó el clima con precisión quirúrgica: “La presidencia se ha salido de los rieles… Estamos ante un escenario inédito en nuestra historia política”.
Sin embargo, aquí radica el detalle crucial: mientras Trump engendraba un desorden sin precedentes—con la Reserva Federal bajo asedio, amenazas comerciales perpetuas y una retórica xenófoba incendiaria—, creó involuntariamente un entorno donde la estabilidad institucional se cotizó como el activo supremo. Y México, bajo la batuta de Claudia Sheinbaum, ofreció exactamente eso que el mundo anhelaba: instituciones operativas ajenas al teatro maníaco de la Casa Blanca.
La Estrategia de Sheinbaum: Diplomacia Cautelosa en la Anarquía
Tras la toma de posesión de Trump el 20 de enero de 2025, la ofensiva fue inmediata: instrucciones para analizar aranceles contra México y, para el 1 de febrero, la imposición de un gravamen extra del 25% bajo la narrativa de que la migración y el fentanilo constituían una “amenaza extraordinaria”. El peligro era existencial: México destina más del 80% de sus exportaciones a EE. UU., un flujo que representa cerca del 34% del PIB nacional.
Fue en este punto de quiebre donde Sheinbaum ejecutó su jugada maestra. No cayó en la provocación. No escaló el conflicto verbal. En su lugar, optó por una conducta inusual en la era Trump: actuó con la frialdad de un estadista profesional. Tras una llamada clave el 3 de febrero de 2025, consiguió postergar la entrada en vigor del arancel por un mes. El costo del acuerdo: el despliegue de 10,000 elementos de la Guardia Nacional en la frontera norte y la creación de mesas de trabajo bilaterales.
¿El saldo? Trump obtuvo su trofeo mediático (la militarización fronteriza), Sheinbaum esquivó el colapso económico inminente, y ambos gobiernos preservaron un canal de negociación funcional.
Lo que siguió fue un patrón cíclico durante todo 2025: amenazas arancelarias crónicas desactivadas mediante prórrogas negociadas. Para el 31 de julio, tras otra intervención diplomática, Sheinbaum aseguró una extensión de 90 días. Mientras Trump prometía demoler el T-MEC, la presidenta mexicana aplicaba lo que académicos como Jorge Schiavon (Universidad Iberoamericana) denominaron una estrategia “pragmática”: sacrificar la victoria política doméstica en favor de la supervivencia económica.
Cuando la Fortaleza Institucional Vence al Ruido
Mientras Wall Street sufría la volatilidad inducida por los caprichos regulatorios de Trump, en México sucedía algo que capturó la confianza de los bancos centrales globales.
Las reservas internacionales de Banxico escalaron a 251,828 millones de dólares al cierre de 2025, un repunte del 10% respecto al año anterior y un hito desde la crisis de 1995. Solo entre el 2 de enero y el 31 de diciembre, Banxico acumuló 22,885 millones de dólares adicionales; la mayor acumulación de activos internacionales en la historia moderna del banco central.
Paralelamente, la ortodoxia fiscal de Sheinbaum—manteniendo la inflación controlada al 3.57% hacia octubre de 2025 y evitando el endeudamiento desmedido—contrastó dramáticamente con el desorden fiscal en Washington. Los capitales internacionales comenzaron a percibir a México como un puerto seguro, precisamente porque el país proyectaba certeza mientras Estados Unidos irradiaba caos.
Las exportaciones mexicanas tocaron un techo histórico de 663,407 millones de dólares en 2025 (+7.6%). ¿Cómo fue posible bajo la sombra de los aranceles? Porque México emergió como el “ganador inesperado” de la guerra comercial: el T-MEC funcionó como escudo, permitiendo que los productos en regla enfrentaran una tarifa promedio de apenas 4.6%, frente al 32% (o más) que castigaba a China.
No obstante, el drama persiste. El 1 de julio de 2026 expira el plazo para la revisión del T-MEC. Trump ha sido diáfano: considera el tratado “irrelevante” e insinúa su preferencia por acuerdos bilaterales fragmentados con México y Canadá. Esta táctica le permitiría aplicar presión diferenciada, amenazando con cancelar pactos individuales a su antojo.
“Si Trump logra imponer revisiones anuales, México viviría al filo de la navaja perpetuamente” — Luis Masse, Instituto Mexicano de Ejecutivos en Comercio Exterior
La analista Verónica Ortiz fue aún más cruda en su diagnóstico: “No existen decisiones basadas en evidencia. Cuando Trump enfrenta problemas domésticos, voltea hacia los vulnerables… Atacar a México le reditúa políticamente; no nos va a soltar”.
Y sin embargo, contra todo pronóstico, el peso se apreció. ¿La razón? La anarquía tiene su propia dinámica económica:
- El diferencial de tasas: Pese a los recortes de la Fed, los instrumentos en pesos mantuvieron un rendimiento atractivo (carry trade) en un entorno de incertidumbre global.
- La erosión del Dólar: El caos institucional provocado por Trump debilitó la confianza en el billete verde, generando una depreciación relativa frente a divisas emergentes sólidas.
- El refugio en la seriedad: Los flujos de capital hacia México aumentaron paradójicamente porque, en la comparación directa, la administración mexicana lucía más adulta y predecible que la estadounidense.
Esta estabilidad tiene un precio que Sheinbaum ha pagado discretamente. Al aceptar el despliegue de la Guardia Nacional, México reforzó la militarización de un problema estructural (migración y narcotráfico). Peor aún, en diciembre de 2025, el Congreso mexicano aprobó aranceles de entre 5% y 50% a productos asiáticos, cediendo ante la presión de Washington para cerrar la puerta trasera a China.
Esto plantea un dilema perverso: México está importando los conflictos comerciales de Trump. Las industrias que dependen de componentes asiáticos verán sus costos elevarse, presionando la inflación interna. Todo esto, mientras la amenaza de aranceles al acero, aluminio y vehículos (25%) pende como una Espada de Damocles.
El Futuro Inmediato: Julio de 2026
A seis meses de la revisión del T-MEC, las señales de que Trump busca bilateralizar la relación son inequívocas. Esto implica que la presión será constante y cualquier “tregua” previa, obsoleta.
¿La respuesta de Sheinbaum? Mantener el curso. A inicios de 2025 anunció un “Plan B” para diversificar el comercio, mientras fortalece lazos con bancos centrales globales y sostiene una disciplina fiscal que es la antítesis del gasto caótico del vecino del norte.
Conclusión: La Fortaleza del Peso como Artefacto del Caos
La apreciación del peso en 2025 fue real, histórica y merecida en términos macroeconómicos. Pero también fue, irónicamente, un artefacto del desorden estadounidense.
Cuando una potencia hegemónica es gobernada por la anarquía, la dependencia de amenazas mediáticas y el desdén por las reglas, los mercados buscan suelo firme en otra parte. México ofreció ese suelo: un banco central autónomo acumulando reservas récord, disciplina fiscal y una presidenta con el temple suficiente para no morder el anzuelo del conflicto.
El caos de Trump, en última instancia, elevó el valor de la estabilidad mexicana.
Pero es un equilibrio frágil. El 1 de julio de 2026 veremos si esta estabilidad resiste una nueva embestida. Los mercados apuestan a que sí, pero la realidad política sugiere que Trump está entrando en un ciclo ascendente de perturbación.
La fortaleza del peso es tangible, pero se erige sobre arenas movedizas geopolíticas. Sheinbaum ha navegado con maestría en la anarquía, pero la gran incógnita es si esa habilidad diplomática bastará cuando Trump decida desmantelar, de una vez por todas, el tablero de juego.