Estoy seguro que algunos de mis lectores comenzaron a utilizar la Internet por medio de dispositivos móviles. La mayoría, serán de la época del Internet Explorer. Pero sólo unos miles, por azares del destino, tuvimos la oportunidad de ver su temprano crecimiento. Hoy se ha celebrado el vigésimo quinto aniversario de la WWW, y aunque Google ha pasado olímpicamente de ello, a mí me nace hacerle un pequeño homenaje a este medio de comunicación, relatando como fue mi acercamiento y las formas en las que la he explorado.
Ingresé a la Facultad de Contaduría y Administración de la UNAM, para cursar la licenciatura en Administración, en 1993. Una de las primeras asignaturas que tomé fue Informática I, en la cual vimos todos los conceptos relacionados con la computación y las redes. La que más captó mi atención, fue una red llamada Wide Area Network (WAN). Me intrigaba el cómo realizar una conexión entre muchas computadoras, ubicadas en lugares tan apartados que la instalación de cables de red se convierte en algo inoperativo por el alto costo. Ya se utilizaban módems y el tendido eléctrico o, en su caso, la infraestructura de telefonía.
Indagué más, una cosa llevó a la otra, y al final di con la Internet, gracias a que tuvimos que adquirir “fichas de impresión” en el edificio asignado actualmente al Sistema de Universidad Abierta. Y como ya dije, todo fue por azares del destino. Ese día vi un aviso algo escondido colocado en una puerta de esa oficina, en el que se informaba el costo del talonario para acceder al laboratorio “supersecreto” ―¡y sí que lo era!― con conexión a la Internet. Hay que mencionar que sólo podían entrar los estudiantes de Informática, por lo que me estaba vedado dicho conocimiento. Pero no soy de esas personas a las que les dicen “esto no es para ti” y se quedan conformes y tranquilas.
Aproveché un día en el que no estaba el encargado, sino un chico de servicio social, para convencerlo de que había dejado olvidada mi credencial en casa y me urgía el pase porque tenía que entregar un proyecto en lenguaje COBOL. Por supuesto, yo no sabía nada de programación, pero lo había leído en el libro que estudiábamos en la asignatura. Mi engaño funcionó, y fui de inmediato a echar un ojo al laboratorio. Solicité mi entrada en ese momento.
No tardé mucho en darme cuenta que los comandos de DOS, no funcionaban en lo absoluto en aquellas computadoras. Solicité auxilio al compañero que custodiaba aquel lugar (tan sagrado en mis memorias). Fue cuando supe que aquellas no eran PCs comunes y corrientes, sino estaciones de trabajo Sun Microsystems, y que su sistema operativo no era el MS-DOS, sino el UNIX. ¡No tenía ni la más remota idea del cómo operar una computadora con UNIX! A duras penas había manipulado un poco el MS-DOS y el Windows 3.11. Imagínense estar ante un sistema operativo completamente desconocido, tragándose la vergüenza, y saliendo del laboratorio con la cola entre las patas. Seguramente la mayoría habría tirado la toalla. Pero yo no. Fui a la biblioteca a solicitar en préstamo un libro de UNIX y una de las primeras guías para la WWW. Y así fue como, con un poco de paciencia, aprendí a manejar aquel sistema operativo, y a navegar en la red informática mundial.
Pero obviamente no se quedó en eso. Un año después adquirí mi primer módem en Tornado BBS, y el acceso vía telefónica. No contaba con un servicio compatible con el estándar de conexión IP, sino que se entraba por terminal por medio de un password, y se podía acceder a otros servicios, como Telnet y Gopher. Fue hasta que Telmex integró Prodigy a sus servicios y adquirí un módem de mayor velocidad, que pude usar un navegador desde mi computadora (el Netscape para MacOS). Aprendí el lenguaje HTML y escribí mi primera página online, por allá de 1996, que alojé en el extinto GeoCities. Posteriormente hice otra que fue alojada en Tripod, hace dieciséis años, y que asombrosamente sigue en línea. Fueron mis primeros pininos en diseño web, cuando aún no me había decidido a tomar la carrera de diseño gráfico.
Durante una temporada estuve muy deprimido, pues había dejado la carrera y no tenía contacto con mis amigos. En 1999, hice el examen de admisión a la UAM, y con ello comenzó una gran época. Fui testigo de la revolución de la web, de la generación 2.0 y la ambición de convertirla en el medio idóneo de comunicación en masa. Vi caer al mejor navegador de todos los tiempos, el Netscape Navigator, ante el terrible peso del Internet Explorer. Pero también vi surgir nuevos proyectos, como el Mozilla Firefox y el Google Chrome. Participé en el nacimiento de las redes sociales, por medio de comunidades virtuales como MySpace, y fui uno de los primeros en inscribirme a Facebook e incitar a mis compañeros universitarios a que también lo hicieran. Emprendí un servicio de alojamiento web, BRAINHOST.com.mx, y fundé dos canales de YouTube, en los cuales he subido más de 2,700 vídeo clips.
Como pueden ver, le he dedicado mucho tiempo a la WWW. En un principio era algo fastidiosa, porque los sitios no se actualizaban automáticamente. Con tantos lenguajes de programación en web, toda la potencia que tienen las computadoras de hoy en día, así como los dispositivos móviles, el futuro de este medio está garantizado.
Sólo me queda por felicitar a Tim Bernes-Lee, el científico que dio origen a este proyecto, y a quien se le adjudica erróneamente la creación de la Internet. La Internet no es sólo WWW. Sin embargo, la web representa una porción mayoritaria en las necesidades informacionales del ser humano. Eso sí que es muy cierto, y por ello considero que debería ser declarado como Patrimonio Intangible de la Humanidad por la UNESCO, y ser resguardardo de los intereses particulares de los gobiernos de cada país. Toda la Internet debe ser considerada un derecho humano.
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